Movilidad Segura

"Vivimos en una sociedad excesivamente motorizada, con los efectos perniciosos que esto conlleva para la salud"

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Licenciada en Medicina y Cirugía General y Máster en Salud Pública por la Universidad de Barcelona, Máster en Ciencias de la Salud y Doctora en Medicina (especialidad Ciencias Políticas) por la Universidad de Harvard (Boston, EE.UU), María Seguí ha centrado su trayectoria profesional en la vida universitaria como profesora e investigadora. En el campo de la investigación, su línea principal de trabajo ha sido la seguridad vial, como demuestran sus múltiples publicaciones científicas,  dirección de tesis doctorales y libros publicados al respecto. Sobre seguridad vial y sobre su labor al frente de la Dirección General de Tráfico (DGT), hemos conversado con ella en esta entrevista.
1. Desde su incorporación como directora general de tráfico, usted está aplicando nuevos enfoques y líneas de trabajo en la DGT ¿Podría explicarnos en qué se han traducido hasta la fecha estos cambios?  

El primer cambio y el más relevante es la transformación de una estructura muy compartimentada en la que había poca comunicación, a una estructura mucho más integrada y organizada, de manera que sean quien sea y esté donde esté, entienda que hay unas directrices únicas, conjuntas y consensuadas, que hay una única DGT y no múltiples dedicadas a aspectos puntuales o concretos. 

La segunda transformación tiene que ver con los criterios a seguir a la hora de tomar decisiones. En una situación circunstancial de especial premura en lo económico o incluso en lo humano, puesto que tenemos una plantilla menguante por jubilaciones que no está siendo repuesta, etc, hemos de ser muchísimo más estrictos con el por qué hacemos las cosas y con qué fin las hacemos. Nuestra prioridad fundamental es la de garantizar una movilidad segura y todo aquello que no redunde directamente en una mejora de la siniestralidad o en una mejora del flujo circulatorio, va a ocupar un segundo plano. Hay que ser firmes en estos criterios y no dejarse llevar por la inercia de los tiempos. 

Por otro lado, estructuralmente debemos dar un giro hacia la educación continuada de la ciudadanía, y quiero insistir en la idea de “educación continuada” por lo que tiene de importancia, puesto que entendemos que la oportunidad de educar a ese potencial conductor ya pasó para la mayoría de los conductores de nuestro país y, aún así, la vida pasa, los reglamentos de circulación se modifican, los vehículos se transforman y no tenemos esa formación continuada. Esto es importante no sólo para los conductores, ya que todos somos peatones, usuarios y ciclistas, aunque aún en números pequeños, y solo puntualmente somos conductores. 
 
2. En el ámbito educativo, la educación vial parece que, después de pasar por la LOGSE, LOCE, LOE y en un futuro próximo la LOMCE, no encuentra un sitio adecuado ¿Cuál es su visión sobre la Educación Vial, materia vital según la Organización Mundial de la Salud (OMS)?, y si ¿durante su mandato como directora prevé que por fin sea una materia que acabe instaurándose en el curriculum escolar de manera eficaz?
 
Sin quitarle importancia a la educación infantil o juvenil, quiero primero enfatizar el hecho de que el mayor problema que tenemos tiene que ver con la educación de la población adulta. Por supuesto hay que educar generaciones venideras, soy profesora de vocación, y eso ya habla de mi creencia firme en esta cuestión, pero tenemos unos 46 millones de ciudadanos, de los cuales 40 son adultos y es a esa población a la que tenemos q continuar formando en materia de seguridad vial. Habiendo dicho esto, creo firmemente en la necesidad de incorporar la educación vial en lo que es la formación de las personas en edad escolar, pero discrepo de que el formato único tenga que ser una asignatura. La seguridad vial tenemos que practicarla en el colegio e integrarla en la vida y creo que esto será a la larga más real, eficiente y duradero que el hecho de insertar una asignatura que tarde o temprano alguien pudiera decidir quitar por falta de tiempo para otras materias. 
 
3. ¿En qué aspectos fundamentales trabaja en estos momentos la DGT para ayudar a las víctimas en accidentes de tráfico? 

El primero y fundamental es tratando de que no haya víctimas. No podemos olvidar que somos la agencia líder en materia de seguridad vial del país y por lo tanto nuestra primera acción tiene que ver con la reducción del número de personas que sufren estos accidentes y sus secuelas. Dicho esto, me complace decir que continuamos nuestra labor con las víctimas de dos maneras: por un lado hemos mantenido nuestra línea de subvenciones a las asociaciones de víctimas ya existentes; y por otro lado, hemos reestructurado parte de nuestra organización para crear las llamadas “unidades de atención a la víctimas de tráfico”. Son puntos de información que existen en todas nuestras jefaturas provinciales y locales, de manera que la persona que acude pueda ser informada y dirigida a aquellos organismos públicos y privados que ofrecen asistencia. Esta información se ofrece de manera desinteresada, gratuita y con carácter objetivo. 
 
4. Algunos tramos de carreteras en nuestro país están en mal estado, lo que afecta de manera directa a la seguridad vial. ¿Qué opina usted al respecto? ¿Cree que debería haber una mayor interrelación en materia de “vía pública” entre el estado, las autonomías y diputaciones y los municipios?
 
Lo primero es recordar que en todo el territorio español tenemos aproximadamente 8.080 titulares de vía, porque cada ciudad, cada municipio, es titular de sus vías y es el poseedor y responsable de la vía pública en su límite, pero cuando hablamos de interurbanas, estamos hablando de comunidades autónomas, de cabildos, diputaciones y de Fomento, que siendo el titular que más kilómetros tiene, sólo tiene 20.000 de los más de 300.000 kilómetros que hay en toda España. Esta fragmentación de titularidades dificulta la coordinación y el acuerdo. Dicho esto, sería injusto no reconocer las grandísimas mejoras que se han producido en las carreteras en los últimos años en nuestro país, y ahí están las estadísticas para probar cómo el número de kilómetros transformados a autopistas y autovías ha ascendido notablemente, y cómo la siniestralidad en estas ha descendido significativamente. Por eso no voy a valorar qué está ocurriendo con el mantenimiento de las carreteras en los últimos años, pero lo que sí que puedo decir es que en el último informe de 2012, como DGT, hemos hecho el ejercicio de identificar puntos negros en todo el territorio estatal, salvo en el País Vasco y Cataluña, donde lo haremos el año que viene, y la buena noticia es que ese número de puntos negros son en número muy inferiores a los que jamás han sido en nuestro país, y concentran un 8% de los accidentes y un 4% de los fallecidos. Por lo tanto me parece que en el 2013 sería injusto atacar al estado de la carretera como un punto fundamental. Las carreteras forma parte del problema, pero han mejorado sustancialmente, aunque por supuesto una carretera construida hay que mantenerla y eso se tendrá que ir viendo en los años venideros. 
 
5. En las últimas campañas informativas que ha lanzado la DGT, se está promoviendo el uso de la bicicleta y los desplazamientos a pié, ¿considera que en los últimos años ha habido un cambio real en los desplazamientos de los ciudadanos? ¿Sobre qué aspectos habría que incidir para que estos desplazamientos sean seguros?
 
El cambio, independientemente de que sea real o no, es necesario. No podemos olvidar que vivimos en una sociedad excesivamente motorizada con los efectos perniciosos que esto conlleva para la salud. La necesidad de modular nuestros transportes, volviendo hacia modos en los que haya un mayor consumo de energía personal, es desde el punto de vista sanitario, psicológico y organizativo, algo imperativo. Y lo es en todo el mundo, como la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) propugna. En nuestro contexto y en el de otros países vecinos, la recomendación de esa necesidad coincide en el tiempo con una situación económica que tal vez ha forzado a algunas personas a abandonar el modo de transporte motorizado contra su voluntad. Siendo esta una posibilidad, no debemos olvidar el efecto beneficioso que este cambio tiene sobre la salud individual y colectiva, y me gustaría pensar que en las circunstancias actuales, en las que todos hemos tenido que revisar nuestras prioridades, haya personas que por convicción hayan decidido probar alternativas que a la larga son absolutamente razonables para desplazamientos de corta duración e intensidad. 
 
Destaco que sí se ha dado un aumento del número de usuarios del transporte público, y es algo que está arraigando de manera muy notable en nuestra sociedad. También podemos ver en las calles cómo el número de bicicletas crece y, aunque crece mucho, todavía representan una fracción muy pequeña, y por eso la DGT está muy comprometida para continuar fomentando estos desplazamientos no motorizados y de ahí que pongamos en marcha campañas en este sentido. Algunos se sorprenden por el hecho de que la DGT esté hablando de asuntos como estos, de los que previamente no había hablado, pero es algo que forma parte de la política, con P mayúscula, de movilidad segura de un país. 
Modificado por última vez en Jueves, 24 Octubre 2013 09:05

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